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El año nuevo de Karina

Siempre ha sido interesante observar a Karina recibir el año nuevo. Su rostro se las arregla para expresar todos los sentimientos encontrados que alberga su corazón. Por momentos se la ve triste - se ve dejando un 2009 lleno de frustraciones - y por otros, contenta - espera un año de nuevas oportunidades.

 

En el transcurso del 2009 ella no había podido cumplir satisfactoriamente todos sus exámenes como se lo había trazado, tampoco leyó todos los libros que compró. No consiguió estar tan delgada como quería, no pudo aprender el idioma que se había propuesto y nunca fue a las clases de fotografía donde se anotó. Adiós sueño de ser una campeona olímpica, si sólo fue tres veces a sus clases de natación.

Pero llegaba otro año donde podía cumplir todo esto, seguir con lo que estaba haciendo, y agregarle otras cosas más.

Siempre ha sido interesante observar a Karina recibir el año nuevo. Su rostro se las arregla para expresar todos los sentimientos encontrados que alberga su corazón. Por momentos se la ve triste - se ve dejando un 2009 lleno de frustraciones - y por otros, contenta - espera un año de nuevas oportunidades.

 

En el transcurso del 2009 ella no había podido cumplir satisfactoriamente todos sus exámenes como se lo había trazado, tampoco leyó todos los libros que compró. No consiguió estar tan delgada como quería, no pudo aprender el idioma que se había propuesto y nunca fue a las clases de fotografía donde se anotó. Adiós sueño de ser una campeona olímpica, si sólo fue tres veces a sus clases de natación.

Pero llegaba otro año donde podía cumplir todo esto, seguir con lo que estaba haciendo, y agregarle otras cosas más.

 

Karina siempre se exigió mucho. Seguramente es un rasgo de su personalidad. Pero en vísperas de año nuevo ese rasgo se potencia.

Lo que les conté pasó el año pasado... y sé exactamente como será este 31 de diciembre.

 

Pero ese ritual no lo presenta ella sola, sino casi todas las personas que conozco, con menor o mayor intensidad, incluyendo a nosotros mismos. Ahora, si somos inteligentes, vamos a darnos cuenta que no toda la culpa es de uno, sino que es un problema social. Existe una fuerza que nos empuja a exigirnos más de nuestras posibilidades diciéndonos que podemos alcanzar todo lo que deseamos. La publicidad en tele, radio e internet, inclusive la gente que nos rodea... todo nos dice, todos los días, y a toda hora que podemos ser supercapaces.

 

Pero seamos sensatos y reconozcamos que nunca vamos a ser perfectos, y que habrá cosas que, por más que queramos, no vamos a tener. Esto es un principio que en el fondo, todo el mundo lo sabe, y aunque no parezca, es un arma de supervivencia. Ya no buscamos obtener lo que queremos a base de los recursos con los que contamos, sino que usamos como base,  sueños y utopías que nos son impuestos. Por no reconocer este teorema, a veces,  nunca llegamos a nada, o lo que es peor, nos sentimos fracasados a pesar de todo lo que logramos.

 

Más que en otros períodos históricos el hombre actual parece que persigue sistemáticamente un objetivo: convertirse en el verdadero dueño y rey de la creación, poniendo en juego su inteligencia.  Dominamos enteramente los campos tecnológicos y científicos. Llegamos a luna, encontramos curas a enfermedades que antes eran mortales, construimos rascacielos y hasta clonamos personas. Tenemos un estilo de vida inimaginable para generaciones pasadas.

 

Estos avances y su concerniente propaganda nos exigen que estemos a las alturas de las circunstancias. Que cuánto más conocimiento, cosas materiales y relaciones personales, más perfectos somos. Incluso tener una familia, sino es de acuerdo a los estereotipos, no es nada.

 

¡Qué gran presión que se nos impone! Pero no nos dejemos engañar. Cumplir esos requisitos no nos va a ser más felices, y no son lo más importante.

 

Si echamos un vistazo a lo que ha sido la humanidad hace sólo 65 años, vemos que no hace mucho terminó una guerra mundial que dejo alrededor de 40 millones de muertos. "Gracias"  a este acontecimiento comenzó una carrera armamentista que derivó en todos los avances tecno-científicos a los que debemos nuestras mañas que nos convierten en la sociedad de consumo que somos. Pero es increíble que a estas alturas todavía no podemos dominar nuestras relaciones sociales y personales y aunque nos esforcemos, aún existen guerras, hambre y muerte. Queremos llegar a la perfección, pero no la hay, y el mundo entero es infeliz.

 

Como dice el sociólogo y filósofo, George Simmel, en nuestra época nos sentimos más desgraciados que cualquier otro hombre del pasado. Tenemos más cultura y más exigencias que cumplir. Eso tendría que hacernos mejores, pero proporcionalmente no podemos abarcar si no un mínimo de esa cultura. Vemos esa inconmensurabilidad y nos ahogamos en ella. Somos como el aprendiz de brujo que no domina a las fuerzas que invoca.

 

En este nuevo año dejemos la vieja costumbre de querer abarcarlo todo. Propongámonos metas propias de acuerdo a nuestros talentos y posibilidades.

 

Acordémonos que todos estamos condicionados, pero no predestinado y tenemos un sin fin de posibilidades de las cuales elegir. Ya no llevemos el mundo en nuestras espaldas, porque nos hace infelices. Disfrutemos de nuestra vida y no intentemos cambiarla, sino mejorarla, que no es lo mismo.

 

Para qué tener una casa nueva sino hay amor, una carrera sino ayudamos con ella, un cuerpo perfecto si estamos solos.

Para qué construir un mundo con todos los avances habidos y por haber si construimos bombas para destruirlo todo. Amemos más.

 

¡Feliz año nuevo!