Inicio

Dos historias

Hace poco empecé a leer un libro que estuvo estancado durante años en la biblioteca personal. Este ejemplar contenía 31 biografías de personas que,  de una u otra manera, cambiaron el mundo.

Antes, esto no había llamado mi atención, pero hoy, a estas alturas de la vida, me interesa saber qué tuvieron de “más” estas personas para ser consideradas especiales y llegar a ser reconocidas.

Al repasar los nombres de estas personalidades - en su mayoría genios del arte, la ciencia y la política - dos personas despertaron mi curiosidad, ya que no tenían el perfil típico de las personas ilustres. Esto no consistía en que fueran más inteligentes que Albert Einstein o más exitosos que Napoleón Bonaparte, sino porque pudieron afectar al mundo tremendamente con cosas simples, eso sí, con un extraordinario entrega de amor.

 

La primera persona fue una mujer que consagró su vida a los “pobres de entre los pobres”. Su tarea de amor empezó en Calcuta cuando empezó a vivir entre los parias de la urbe bengalí en 1948. A principio de ese mismo año, murió asesinado en esa misma ciudad.

La segunda persona que llamó mi atención fue el líder político hindú que hizo mucho por la independencia de la India y por la abolición del injusto sistema de castas.

“La madre de los desheredados” y el “apóstol de la No violencia” defendieron la sencillez como estilo de vida, el respeto a los “intocables” (lo más inferior de las castas en India) y la tolerancia hacia todos los credos.

Es importante evocar a personas como estas para recordar que con pequeñas cosas y mucho amor al prójimo podemos hacer cosas grandes. A veces no hace falta ser genios, famosos o gobernantes para cambiar el rumbo de nuestro derredor. Tengamos siempre presente que nadie sabe de lo que es capaz de hacer, hasta que trata de hacerlo. ¡Hagámoslo! Cada uno sabe por donde comenzar.